domingo, 20 de marzo de 2016

Gente feliz

(Jesús dijo:) Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)


En el tercer siglo de nuestra era, Cipriano, quien fue obispo de Cartago y debió morir como mártir, traspasado por la espada del verdugo, escribió a Donato, uno de sus amigos lo siguiente:

Estamos en un mundo malo, Donato, un mundo increíblemente malo, pero en medio de este mundo descubrí a un pueblo tranquilo, santo, que aprendió un gran secreto.

Sus miembros encontraron un gozo mil veces superior a todos los placeres de nuestras vidas de pecado. Esa gente es despreciada y perseguida, pero no s preocupa por ello, pues es dueña de su alma; vencieron al mundo.

Esa gente, Donato, son los cristianos, y yo formo parte de ellos.

Los cristianos de hoy ¿sienten y muestran la misma paz y el mismo gozo? Hoy en día, la oposición de la sociedad no siempre se traduce de forma violenta, pero el desprecio siempre está ahí: asocian a Jesús con los que declaran conocerle. « Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.» (1 Juan 5:4), nuestra fe en Aquel que en la cruz venció a la muerte, pues resucitó.

Nada puede desestabilizar al creyente que sabe que Jesucristo es el Hijo de Dios. ¡Necesitamos esta fe viva! No se trata de una simple religión, sino de un arraigo personal a Jesús, quien nos dio la vida eterna mediante su resurrección, después de haber dado su propia vida por nosotros.

Los verdaderos cristianos de hoy son todavía gente feliz. ¿Forma usted parte de ellos?
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11)

sábado, 19 de marzo de 2016

Sentirse amado

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. (1 Juan 3:1)


Una joven pareja fue a un orfanato y habló con el niño a quien deseaban adoptar. Para animarlo le enumeraron todo lo que pensaban ofrecerle: buena ropa, juguetes, una hermosa habitación, e incluso, si quería, una mascota.

Para su mayor sorpresa el niño no parecía entusiasmado, en absoluto, con todas esas promesas de bienes concretos, sino que les dio a entender cuál era su principal aspiración: tener por fin una mamá y un papá que lo amasen.

la actitud de ese huérfano muestra que las aspiraciones más profundas del corazón humano no son materiales. Los bienes materiales confieren cierto bienestar, pero no responden a la insatisfacción permanente del hombre.  La primera necesidad de todo hombre es sentirse amado.

Jesucristo vino a manifestar el amor más absoluto, es decir, el amor que dios siente por los hombres perdidos. Contrariamente al amor humano, el amor de Dios no varía en función del comportamiento del ser amado.

En efecto, en el momento en que los hombres le demostraron cuánto lo odiaban, Jesús, por amor de ellos, se dejó crucificar. Así lo había anunciado a sus discípulos: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). Y usted, ¿conoce ese amor?

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

viernes, 18 de marzo de 2016

Hay que escoger

...Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas [...] Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz (Deuteronomio 30:19-20)


Nuestra vida está entretejida de múltiples decisiones. Desde la mañana hasta la noche tomamos decisiones, algunas sin consecuencias y otras irreversibles.

Hay que tomar grandes decisiones, por ejemplo las relacionadas con los estudios, el trabajo, el domicilio, el matrimonio...

Pero también hay decisiones de tipo moral: elegir entre el bien y el mal, entre la mentira y la verdad, la humildad y el orgullo, el egoísmo y la generosidad, la valentía y la cobardía... ¡Siempre tenemos que decidir! Cada uno tiene la responsabilidad de hacerlo.

La elección más importante es la de la fe: vivir con Dios o sin Él. Esta elección tendrá consecuencias para nuestro futuro en la tierra y en la eternidad. En este día de hoy, Dios dice a cada uno de nosotros: ¡Escoje la vida!

No cierre su corazón al llamado de Dios. Él tiene las palabras de vida eterna. No diga: «Todavía tengo mucho tiempo; tomaré una decisión más tarde», pues el tiempo pasa día tras día, y usted corre el riesgo de aplazar siempre la decisión.

¡Por supuesto, nadie escogería voluntariamente la muerte en lugar de la vida! Pero seguir en la indecisión equivale a rehusar la salvación de Dios.

En su Palabra Dios dice: "He aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2). Desde que se reveló por medio de Jesucristo, "Dios... manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17:30).  Escucharle y obedecerle es recibir la vida, la vida eterna, es tener en Jesús todo para vivir la verdadera vida.
¡Es tomar la buena decisión!

jueves, 17 de marzo de 2016

Los rehenes y el rescate

Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás) (Salmos 49:7-8)


Navegar en el Mediterráneo en la Edad Media era una aventura muy arriesgada. No era raro que los piratas atracaran los barcos franceses y españoles, que tomaran a los pasajeros y los llevaran a la costa africana para exigir un gran rescate por su liberación.

Un día España decidió liberar a todos sus prisioneros y reunió la suma necesaria para pagar el rescate. Un barco bien armado y cargado con esta fortuna salió para ir a buscar a todos los cautivos. Pero allá, varios se habían adaptado a su condición: algunos se habían casado, otros habían puesto negocio... Y se produjo lo impensable: muchos no quisieron ser liberados, sino que prefirieron seguir viviendo en ese país donde no eran libres.

El barco tuvo que regresar a España trayendo solo un pequeño número de prisioneros liberados y el dinero que no fue utilizado para el rescate.

Esta historia nos ayuda a comprender nuestra situación ante Dios. Incluso si no somos conscientes, somos como prisioneros en manos de Satanás, el verdadero amo de este mundo que decidió vivir sin Dios. Y nosotros somos totalmente incapaces de liberarnos por nosotros mismos.

Fue preciso que Jesucristo pagase en nuestro lugar el precio necesario para rescatarnos, y esto lo consiguió dando su vida en la cruz. Este rescate es suficiente para redimir a todos los hombres, pero es necesario que cada uno reconozca personalmente que es un esclavo, que está lejos de Dios, y que crea en Jesús, el Salvador.
Así dice Jehová [...] Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí. (Isaías 44:6,22)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Agua preciosa

...y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (1 Corintios 4:5)


Lectura recomendada 1 Corintios 4:1-5

Según una leyenda, un hombre errando por el desierto encontró un manantial cristalino de insuperable frescura.

El agua era tan pura que decidió llevar algo de ella a su rey. Apenas satisfaciendo su propia sed, llenó un cuero de agua, y la llevó muchos días bajo el sol del desierto antes de llegar al palacio.

Cuando finalmente puso su ofrenda a los pies del soberano, el agua se había vuelto rancia a causa del viejo cuero en que había sido guardada. Pero el rey no iba a dejar que su fiel súbdito siquiera imaginase que era inadecuada para su empleo. La gustó con expresión de gratitud y deleite, y aquel leal hombre se fue con el corazón lleno de gozo.

Después de haberse ido, otros probaron el agua y expresaron su sorpresa de que el rey hubiera siquiera pretendido que le gustara. «Ah..!» dijo él, «no fue el agua lo que probé, sino el amor que llevó a esta ofrenda».

Nuestro servicio puede ir marcado por muchas imperfecciones, pero nuestro Rey mira a nuestros motivos. Se regocija de nuestras leales acciones, sin importarle lo que otros puedan pensar acerca de ello.

¿Te sientes desalentado en tu obra por el Señor? Recuerda la parábola del agua y deja que te motive a seguir sirviendo al Señor. Algún día tus fieles esfuerzos recibirán la alabanza de Dios.

PENSAMIENTO: Lo que se hace ahora por Cristo será recompensado en la eternidad.

martes, 15 de marzo de 2016

No respondamos al diablo

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. (1 Pedro 5:8-9)


En tiempos del rey Ezequías, tropas enemigas conducidas por el rey de Asiria sitiaron la ciudad de Jerusalén. Una táctica empleada por el agresor para hacer que los asediados abandonasen el combate era gritar en lengua hebrea palabras despectivas sobre el poder de Dios. Pero estos habían recibido una orden formal: «No le respondáis» (2 Reyes 18:36)

Encontramos la misma sabiduría en tres creyentes en Babilonia, quienes rehusaron adorar la estatua del rey Nabucodonosor. Este rey los amenazó con echarlos en el horno, y para intimidarlos, añadió: «¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?». Su respuesta fue clara: «No es necesario que te respondamos sobre este asunto» (Daniel 3:15)

Al igual que en aquellos tiempos, el diablo quiere destruir la confianza del creyente. Trata por todos los medios de hacerle creer a usted que Dios está en contra suya, que no sirve de nada contar con Él. Quiere poner en duda el poder de Dios para liberar a los que confían en Él. ¡Su objetivo es turbarnos!

Nunca tratemos de argumentar con el diablo: él es demasiado inteligente. ¡No discutamos con él, pues de todos modos saldríamos perdiendo! Jesús, quien fue tentado por el diablo en el desierto, no refutó sus mentiras. Su respuesta invariable fue citar la Biblia: «Escrito está», el único argumento sin réplica. Dios habló y esto es suficiente. La Palabra de Dios es nuestra arma más eficaz contra Satanás.
Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. (Efesios 6:16)

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Quién ha creído a nuestro anuncio?

Mas él (Jesús) herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:5)


«¿Quién ha creído a nuestro anuncio?»  El capítulo 53 del profeta Isaías empieza con esta pregunta. Este capítulo nos muestra varios siglos por adelantado lo que Jesús iba a sufrir en la cruz. Lo vemos como «varón de dolores», como el que es «menospreciado», herido por nuestras rebeliones, a quien Dios quiso quebrantar, quien puso «Su vida en expiación por el pecado»...

Este texto sobrecogedor nos presenta los sufrimientos del Salvador. Muchas personas, agobiadas por sus pecados, creyeron al leer este pasaje bíblico. Sin embargo, el capítulo empieza con estas palabras: «¿Quién ha creído a nuestro anuncio?» La pregunta es: ¿Quién creerá? Esta pregunta es más general todavía:
-A pesar de toda la fuerza persuasiva de la Biblia, ¿Quién va a creer? ¿Por qué algunos creen y otros se resisten al llamado de Dios?

Jesús dijo: «¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?» (Juan 5:44). Para creer es necesario volverse a Dios, buscarlo, dejando de lado toda vanidad. Es Dios quien también nos da la actitud de confianza y sencillez de un niño.

El apóstol Pablo escribió: «¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?» (Romanos 10:14). Subraya la responsabilidad de los cristianos: deben hablar de su fe, dar a conocer al Salvador, Jesús, el Hijo de Dios.