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domingo, 27 de marzo de 2016

Perseverar en la oración


Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano... (2 Reyes 20:5)
Lectura recomendada: Lucas 18:2-5

Después de la Segunda Guerra Mundial era casi imposible ir a China. Sin embargo, eso era lo que yo realmente deseaba hacer.

Oí hablar de un pequeño barco que iba hasta Shanghái, pero no era de pasajeros. A pesar de ello cada día iba a la oficina de la compañía y preguntaba si podía embarcar. El empleado, aunque era muy amable, siempre rechazaba mi solicitud.

Al día siguiente volvía a insistir, hasta que un día el hombre me dijo: Debe ser muy molesto venir tan a menudo. Déjeme su número de teléfono y le llamaré cuando pueda satisfacer su petición. Le aseguré que yo no tenía nada más que hacer y que volvería cada día. Le dije que no lo iba a dejar tranquilo. ¡Al día siguiente obtuve mi billete!

G.C. Willis

Esta historia ilustra la actitud que el Señor nos pide cuando oramos (Lucas 18:2-5). Orar una y otra vez, otra vez, sin dejarnos vencer por el desánimo, hasta que la oración sea contestada.

Sin embargo hay una condición: "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él (Jesucristo) nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho". (1 Juan 5:14-15).

Si estamos seguros de que nuestra petición es conforme a la voluntad de Dios, accionemos con fe esa palanca de la oración perseverante. ¡Y los cerrojos de hierro se romperán!

Si nuestra petición no es conforme a su voluntad, Dios nos dirá «no» y nos aclarará esta respuesta, siempre fortaleciendo nuestra fe (véase 2 Corintios 12:9).

sábado, 26 de marzo de 2016

La autosugestión

¿Y a dónde huiré de tu presencia? ...Aun las tinieblas no encubren de ti  (Salmos 139:7,12)


Hay personas que aseguran que la fe cristiana tiene alfo de autosugestión, es decir, que a fuerza de persuadirse de ciertas cosas, estas acaban por hacerse verdades para uno. Algunos dirán: «¿Cree en Dios? Mejor si existe para usted. Pero yo no creo; ¡no es culpa mía!».

¿Cree usted en la existencia del sol? ¡Por supuesto, pues nos da luz y calor! Creer en el sol no es autosugestión. El sol existe, dígase lo que se diga de Él, esto no cambiará nada. ¿Y usted afirma que la existencia del Dios Creador, cuyas obras son visibles para todos, depende de la idea que nos hagamos de Él?

Para algunos existe, pero para otros no… ¿Mi creencia en Él hará que exista? ¿Mi incredulidad hará que desaparezca? ¡Imposible!

Dios existe desde siempre y para siempre. Es una solemne realidad a la cual nada podremos cambiar, pues no depende de nosotros, está por encima de nosotros. Un día u otro tendremos que llegar a esta conclusión. Adoptar la estrategia del avestruz no nos pone al abrigo del juicio que merecen nuestros pecados.


La naturaleza da testimonio de la existencia y sabiduría de Dios. Pero Dios se manifestó en la persona de su Hijo como un Dios de amor y un Dios que perdona. ¡Qué buena noticia! Lea el relato de la vida de Jesús en los evangelios. Se trata de hechos muy reales, verdaderos.

Así aprenderá que Dios nos amó tanto que dio a su Hijo para nuestra salvación.


...¿Por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. (Hechos 14:15)

viernes, 25 de marzo de 2016

El haya y la ardilla

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría... (Colosenses 3:16)


Mientras estaba sentado bajo un haya de gran tamaño, admiraba ese espléndido árbol entre todos los demás y me decía: La ardilla, pequeño animal muy vivo y ligero, aprecia este árbol aún más que yo.

La veo saltar de rama en rama, y seguramente quiere mucho a este viejo árbol porque en alguno de sus huecos tiene su casa, las ramas le sirven de protección y el fruto de alimento. Vive del árbol, él es toda su vida: su despensa, su casa. En cambio yo tengo mi casa y mi comida en otro sitio.

Deberíamos imitar a las ardillas con respecto a la Palabra de Dios, permaneciendo en ella y viviendo de ella. Ejercitemos nuestras mentes saltando de una a otra de sus ramas, refugiémonos en ella, hagamos de ella lo más precioso del mundo para nuestra alma. Sacaremos gran provecho si ella se convierte en nuestra armadura, nuestro reposo y nuestra delicia.

Con esta comparación muy llamativa, el predicador inglés Charles Spurgeon (1834-1892) subrayó la importancia que tiene para el cristiano permanecer en “la Palabra”. Para ello, leámosla más y más, memoricemos sus enseñanzas, sus promesas y sus advertencias para luchar contra la duda, la tentación y el desánimo.

Cuanto más almacenemos esta Palabra en el granero de nuestras mentes, tanto más podremos vivirla y hacerla viva para otros.

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.

Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.
(Salmos 119:9-11,162)

jueves, 24 de marzo de 2016

¿Dónde estás tú?

...El hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? (Génesis 3:8-9)


La Biblia contiene muchas preguntas, y a menudo es Dios quien interroga al hombre. Hoy nos detendremos en una de ellas.

La primera pregunta que Dios hizo al hombre es muy significativa: “¿Dónde estás tú?”. ¿Dónde estaba Adán cuando Dios le habló? Se había escondido para que Dios no lo viese; le había desobedecido y tenía la conciencia cargada; debido a ello tenía miedo y desconfianza.

Sin embargo Dios lo llamó. ¿Iba a dejarlo en ese estado de vergüenza y ensimismamiento, y luego juzgarlo? No, Dios quería ayudarle, deseaba su bien, por ello le habló, lo interrogó y lo invito con bondad a arrepentirse.

Deseaba que Adán volviese a confiar en Dios, y fue lo que sucedió: Adán reconoció que había desobedecido; escuchó lo que Dios le dijo sobre las consecuencias de sus faltas pero también lo que había preparado para solucionar ese problema.

Al final Adán, confiado en la gracia de Dios, dio a su mujer este hermoso nombre: “Eva” (palabra hebrea relacionada con el vocablo “vivir”), en tanto que la muerte acababa de entrar en el mundo mediante el pecado (Romanos 5:12).

Luego Dios cuidó de esa primera pareja y les dio lo necesario para vestirse. Así podrían enfrentarse a su nueva condición.

“¿Dónde estás tú?”, es la pregunta que Dios hace a cada uno de nosotros, y yo también tengo que hacérmela: «¿Dónde estoy? ¿Lejos de Dios? ¿Desconfiado y con mala conciencia?».

Por mi parte, he aceptado el diálogo con Dios y su veredicto sobre mis faltas, pero, ¡qué gozo!, también acepté su gracia y su perdón.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Mi búsqueda de la verdad (2)

Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados. (Isaías 38:16-17)


Testimonio de una joven artista (parte 2 de 2)

Solo habían pasado tres días desde que había escuchado explicar la Biblia por primera vez. Pero alli, en mi habitación, entregué mi vida al Mesías, al Señor Jesucristo.

¡Había nacido de nuevo! ¡Tenía una nueva vida! ¡Ya no era más Rosa! De repente me eché a reír; cosa quizá no muy respetuosa, pero necesitaba reír de gozo y de alivio. Durante toda mi vida había ido en busca de algo más grande y mejor. ¡Ahora comprendía que lo que estaba buscando era a Jesús! ¡Y no tenía a nadie con quien compartir mi alegría!

Volví a tomar mi Biblia y empecé a leer el libro de Isaías. Es como si cada palabra estuviese escrita para mí. Llegué al capítulo 38:17 "Amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados"

Una gran luz me llenó. Era como si mi alma se extasiase, como si bailase al igual que lo hacía en otro tiempo con mi cuerpo. En el espejo veía mi rostro reflejar ese gozo. ¡Después de tantos años de angustias, luchas y aspiraciones, al fin había encontrado la paz!

Si no hubiese sido tan tarde, hubiera bajado a la calle para contar a los transeúntes lo que me había sucedido. Al día siguiente me fui corriendo a la sala de reuniones cristianas; estaba tan emocionada que casi no podía hablar. Pero las palabras sobraban, pues bastaba con verme para saber qué me había sucedido.

Rosa Warmer

Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis. (Isaías 65:13-14)

martes, 22 de marzo de 2016

Mi búsqueda de la verdad (1)

Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. (Juan 3:6-7)


Testimonio de una joven artista

Aquella noche, mientras leía la Biblia, experimenté un cambio en mí. Cada vez más emocionada, era como si alguien me empujase a buscar la verdad.

Tenía treinta años. En mi infancia había sufrido mucho debido a mi carácter terco, a esa tendencia irresistible a la rebelión. Durante mis años de estudios de danza clásica, de artista y de escultora, había aceptado todas las ideas que encontraba en mi camino, sin preocuparme por sus efectos nefastos.

Había pasado por el fracaso matrimonial, el naufragio de todos mis proyectos y sueños, el dolor causado por la muerte de mi padre, pensamientos suicidas me habían atormentado, y esos tiempos horribles de la guerra mundial de 1939-1945.

Aquel día, por primera vez, un rayo de luz iba creciendo a medida que leía. En el tercer capítulo del evangelio según Juan, Jesús dice a Nicodemo que tiene que nacer de nuevo.

¡Nacer de nuevo! ¿Cómo es posible? ¿se refiere a empezar una nueva vida? Hasta ahora había arruinado todo. Una insoportable desesperación me invadía. ¡Pero justo en ese momento mi conciencia se despertó a la gracia de Dios!

Su gracia me había guardado muchas veces del suicidio, cuando estaba a punto de quitarme la vida. Sin que yo me diese cuenta, Dios había actuado, a pesar de mis pecados, mis sarcasmos y mi incredulidad.

No recuerdo cómo me arrodillé en mi pequeña habitación, pero recuerdo cuánto oré, por primera vez en mi vida. ¡Así mi inmenso orgullo enmudeció!

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3:3)

lunes, 21 de marzo de 2016

¡Es un hecho!

Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí. (Juan 10:25)


El evangelista Juan nos cuenta la historia de un hombre ciego de nacimiento que tuvo un encuentro con Jesucristo.

Una vez curado, no pudo explicar el milagro, pero de todos modos eso no era lo que importaba. Había recibido la vista y eso le bastaba: "Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo" (Juan 9:25).

Ante los representantes de la autoridad se mostró perfectamente firme y tranquilo: «Pueden decir lo que quieran para convencerme de que mi curación es teóricamente imposible, pero yo seguiré diciendo: " habiendo yo sido ciego, ahora veo"».

Hasta ahí ese hombre no veía el mundo como es, ni a Dios, quien vino al mundo en la persona de Jesús. Pero sus ojos le fueron abiertos y pudo ver el sol brillar, la gente caminar y a Jesús delante de él.

Entonces se dio cuenta de que había sido objeto de un milagro y creyó que Jesús es Dios, quien vino a la tierra en forma humana.

El cristianismo está basado en hechos,  incluso si nuestra razón no puede comprenderlo todo. Se acepta por la fe y luego se vive día a día. Perderíamos nuestro tiempo, y haríamos que usted también perdiese el suyo, si tratásemos de probarle que el Evangelio es verdad. Pero, ¿es usted consciente de su ceguera?

Entonces recíbalo, y luego podrá decir, como ese pobre hombre: «Yo era ciego, no era consciente de mi miseria, ni de las exigencias de Dios, ni de su amor. Pero ahora Jesús, mi Salvador y Señor, me abrió los ojos y veo».

El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. (1 Juan 5:10)

domingo, 20 de marzo de 2016

Gente feliz

(Jesús dijo:) Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)


En el tercer siglo de nuestra era, Cipriano, quien fue obispo de Cartago y debió morir como mártir, traspasado por la espada del verdugo, escribió a Donato, uno de sus amigos lo siguiente:

Estamos en un mundo malo, Donato, un mundo increíblemente malo, pero en medio de este mundo descubrí a un pueblo tranquilo, santo, que aprendió un gran secreto.

Sus miembros encontraron un gozo mil veces superior a todos los placeres de nuestras vidas de pecado. Esa gente es despreciada y perseguida, pero no s preocupa por ello, pues es dueña de su alma; vencieron al mundo.

Esa gente, Donato, son los cristianos, y yo formo parte de ellos.

Los cristianos de hoy ¿sienten y muestran la misma paz y el mismo gozo? Hoy en día, la oposición de la sociedad no siempre se traduce de forma violenta, pero el desprecio siempre está ahí: asocian a Jesús con los que declaran conocerle. « Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.» (1 Juan 5:4), nuestra fe en Aquel que en la cruz venció a la muerte, pues resucitó.

Nada puede desestabilizar al creyente que sabe que Jesucristo es el Hijo de Dios. ¡Necesitamos esta fe viva! No se trata de una simple religión, sino de un arraigo personal a Jesús, quien nos dio la vida eterna mediante su resurrección, después de haber dado su propia vida por nosotros.

Los verdaderos cristianos de hoy son todavía gente feliz. ¿Forma usted parte de ellos?
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. (Juan 15:11)

sábado, 19 de marzo de 2016

Sentirse amado

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. (1 Juan 3:1)


Una joven pareja fue a un orfanato y habló con el niño a quien deseaban adoptar. Para animarlo le enumeraron todo lo que pensaban ofrecerle: buena ropa, juguetes, una hermosa habitación, e incluso, si quería, una mascota.

Para su mayor sorpresa el niño no parecía entusiasmado, en absoluto, con todas esas promesas de bienes concretos, sino que les dio a entender cuál era su principal aspiración: tener por fin una mamá y un papá que lo amasen.

la actitud de ese huérfano muestra que las aspiraciones más profundas del corazón humano no son materiales. Los bienes materiales confieren cierto bienestar, pero no responden a la insatisfacción permanente del hombre.  La primera necesidad de todo hombre es sentirse amado.

Jesucristo vino a manifestar el amor más absoluto, es decir, el amor que dios siente por los hombres perdidos. Contrariamente al amor humano, el amor de Dios no varía en función del comportamiento del ser amado.

En efecto, en el momento en que los hombres le demostraron cuánto lo odiaban, Jesús, por amor de ellos, se dejó crucificar. Así lo había anunciado a sus discípulos: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). Y usted, ¿conoce ese amor?

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

viernes, 18 de marzo de 2016

Hay que escoger

...Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas [...] Amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz (Deuteronomio 30:19-20)


Nuestra vida está entretejida de múltiples decisiones. Desde la mañana hasta la noche tomamos decisiones, algunas sin consecuencias y otras irreversibles.

Hay que tomar grandes decisiones, por ejemplo las relacionadas con los estudios, el trabajo, el domicilio, el matrimonio...

Pero también hay decisiones de tipo moral: elegir entre el bien y el mal, entre la mentira y la verdad, la humildad y el orgullo, el egoísmo y la generosidad, la valentía y la cobardía... ¡Siempre tenemos que decidir! Cada uno tiene la responsabilidad de hacerlo.

La elección más importante es la de la fe: vivir con Dios o sin Él. Esta elección tendrá consecuencias para nuestro futuro en la tierra y en la eternidad. En este día de hoy, Dios dice a cada uno de nosotros: ¡Escoje la vida!

No cierre su corazón al llamado de Dios. Él tiene las palabras de vida eterna. No diga: «Todavía tengo mucho tiempo; tomaré una decisión más tarde», pues el tiempo pasa día tras día, y usted corre el riesgo de aplazar siempre la decisión.

¡Por supuesto, nadie escogería voluntariamente la muerte en lugar de la vida! Pero seguir en la indecisión equivale a rehusar la salvación de Dios.

En su Palabra Dios dice: "He aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2). Desde que se reveló por medio de Jesucristo, "Dios... manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17:30).  Escucharle y obedecerle es recibir la vida, la vida eterna, es tener en Jesús todo para vivir la verdadera vida.
¡Es tomar la buena decisión!

jueves, 17 de marzo de 2016

Los rehenes y el rescate

Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás) (Salmos 49:7-8)


Navegar en el Mediterráneo en la Edad Media era una aventura muy arriesgada. No era raro que los piratas atracaran los barcos franceses y españoles, que tomaran a los pasajeros y los llevaran a la costa africana para exigir un gran rescate por su liberación.

Un día España decidió liberar a todos sus prisioneros y reunió la suma necesaria para pagar el rescate. Un barco bien armado y cargado con esta fortuna salió para ir a buscar a todos los cautivos. Pero allá, varios se habían adaptado a su condición: algunos se habían casado, otros habían puesto negocio... Y se produjo lo impensable: muchos no quisieron ser liberados, sino que prefirieron seguir viviendo en ese país donde no eran libres.

El barco tuvo que regresar a España trayendo solo un pequeño número de prisioneros liberados y el dinero que no fue utilizado para el rescate.

Esta historia nos ayuda a comprender nuestra situación ante Dios. Incluso si no somos conscientes, somos como prisioneros en manos de Satanás, el verdadero amo de este mundo que decidió vivir sin Dios. Y nosotros somos totalmente incapaces de liberarnos por nosotros mismos.

Fue preciso que Jesucristo pagase en nuestro lugar el precio necesario para rescatarnos, y esto lo consiguió dando su vida en la cruz. Este rescate es suficiente para redimir a todos los hombres, pero es necesario que cada uno reconozca personalmente que es un esclavo, que está lejos de Dios, y que crea en Jesús, el Salvador.
Así dice Jehová [...] Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí. (Isaías 44:6,22)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Agua preciosa

...y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (1 Corintios 4:5)


Lectura recomendada 1 Corintios 4:1-5

Según una leyenda, un hombre errando por el desierto encontró un manantial cristalino de insuperable frescura.

El agua era tan pura que decidió llevar algo de ella a su rey. Apenas satisfaciendo su propia sed, llenó un cuero de agua, y la llevó muchos días bajo el sol del desierto antes de llegar al palacio.

Cuando finalmente puso su ofrenda a los pies del soberano, el agua se había vuelto rancia a causa del viejo cuero en que había sido guardada. Pero el rey no iba a dejar que su fiel súbdito siquiera imaginase que era inadecuada para su empleo. La gustó con expresión de gratitud y deleite, y aquel leal hombre se fue con el corazón lleno de gozo.

Después de haberse ido, otros probaron el agua y expresaron su sorpresa de que el rey hubiera siquiera pretendido que le gustara. «Ah..!» dijo él, «no fue el agua lo que probé, sino el amor que llevó a esta ofrenda».

Nuestro servicio puede ir marcado por muchas imperfecciones, pero nuestro Rey mira a nuestros motivos. Se regocija de nuestras leales acciones, sin importarle lo que otros puedan pensar acerca de ello.

¿Te sientes desalentado en tu obra por el Señor? Recuerda la parábola del agua y deja que te motive a seguir sirviendo al Señor. Algún día tus fieles esfuerzos recibirán la alabanza de Dios.

PENSAMIENTO: Lo que se hace ahora por Cristo será recompensado en la eternidad.

martes, 15 de marzo de 2016

No respondamos al diablo

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. (1 Pedro 5:8-9)


En tiempos del rey Ezequías, tropas enemigas conducidas por el rey de Asiria sitiaron la ciudad de Jerusalén. Una táctica empleada por el agresor para hacer que los asediados abandonasen el combate era gritar en lengua hebrea palabras despectivas sobre el poder de Dios. Pero estos habían recibido una orden formal: «No le respondáis» (2 Reyes 18:36)

Encontramos la misma sabiduría en tres creyentes en Babilonia, quienes rehusaron adorar la estatua del rey Nabucodonosor. Este rey los amenazó con echarlos en el horno, y para intimidarlos, añadió: «¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?». Su respuesta fue clara: «No es necesario que te respondamos sobre este asunto» (Daniel 3:15)

Al igual que en aquellos tiempos, el diablo quiere destruir la confianza del creyente. Trata por todos los medios de hacerle creer a usted que Dios está en contra suya, que no sirve de nada contar con Él. Quiere poner en duda el poder de Dios para liberar a los que confían en Él. ¡Su objetivo es turbarnos!

Nunca tratemos de argumentar con el diablo: él es demasiado inteligente. ¡No discutamos con él, pues de todos modos saldríamos perdiendo! Jesús, quien fue tentado por el diablo en el desierto, no refutó sus mentiras. Su respuesta invariable fue citar la Biblia: «Escrito está», el único argumento sin réplica. Dios habló y esto es suficiente. La Palabra de Dios es nuestra arma más eficaz contra Satanás.
Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. (Efesios 6:16)

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Quién ha creído a nuestro anuncio?

Mas él (Jesús) herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:5)


«¿Quién ha creído a nuestro anuncio?»  El capítulo 53 del profeta Isaías empieza con esta pregunta. Este capítulo nos muestra varios siglos por adelantado lo que Jesús iba a sufrir en la cruz. Lo vemos como «varón de dolores», como el que es «menospreciado», herido por nuestras rebeliones, a quien Dios quiso quebrantar, quien puso «Su vida en expiación por el pecado»...

Este texto sobrecogedor nos presenta los sufrimientos del Salvador. Muchas personas, agobiadas por sus pecados, creyeron al leer este pasaje bíblico. Sin embargo, el capítulo empieza con estas palabras: «¿Quién ha creído a nuestro anuncio?» La pregunta es: ¿Quién creerá? Esta pregunta es más general todavía:
-A pesar de toda la fuerza persuasiva de la Biblia, ¿Quién va a creer? ¿Por qué algunos creen y otros se resisten al llamado de Dios?

Jesús dijo: «¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?» (Juan 5:44). Para creer es necesario volverse a Dios, buscarlo, dejando de lado toda vanidad. Es Dios quien también nos da la actitud de confianza y sencillez de un niño.

El apóstol Pablo escribió: «¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?» (Romanos 10:14). Subraya la responsabilidad de los cristianos: deben hablar de su fe, dar a conocer al Salvador, Jesús, el Hijo de Dios.

domingo, 13 de marzo de 2016

Sé tú mi roca fuerte

En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. (Salmos 31:1-2)


Ciertas regiones de nuestro planeta se ven afectadas de forma endémica por graves terremotos. Todos recordamos el terrible seísmo de marzo del 2011 en Japón y sus consecuencias catastróficas.

Hace algunos años los científicos publicaron el  «orld Stress Map». Esta obra, regularmente actualizada, informa sobre las fuerzas que están detrás de los movimientos de la corteza terrestre, en más de 14.000 partes del planeta. ¿Qué revela este estudio?  En muchas partes del mundo, los riesgos de terremotos son previsibles, y ciudades de varios millones de habitantes están en zonas muy críticas.

Esto nos asusta, y frases como: «No hay riesgo de que eso nos suceda», son cada vez menos realistas. En esta situación, los cristianos no ocupan un lugar privilegiado. Dios no nos garantiza que seremos guardados de las calamidades. Sin embargo, la promesa de nuestro Señor tiene más valor que la seguridad circundante. Jesús afirma: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20).

El creyente, aquel que pertenece a Dios mediante la fe en Jesucristo, está seguro en Sus manos, incluso si la muerte viene. «El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá», dijo Jesús (Juan 11:25).

Durante su vida también, en cada tempestad, el cristiano ve la mano de Dios que lo libra de grandes peligros. ¡Nunca está solo! ¡Esta es la promesa de Dios!
Estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé (Josué 1:5)

sábado, 12 de marzo de 2016

¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran, porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que deseaban. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. (Salmos 107:28-31)


Los evangelios relatan varios milagros que Jesús hizo a favor de hombres y mujeres desamparados, en medio del sufrimiento, de la desesperación.

Un día los discípulos, por orden de Jesús, salieron en una barca al lago de Tiberias. Jesús había subido a una montaña para orar. De repente se desencadenó una tempestad, las olas se echaban sobre la barca. Los discípulos trataban desesperadamente de agarrarse a algo; tenían la impresión de que iban a hundirse.

Pero mientras estaban asustados, ansiosos, vieron a alguien caminar sobre las aguas encrespadas. Creyeron que era un fantasma, una aparición, y cuando vieron que se acercaba, dieron voces de miedo. En medio de la desesperación, olvidaron que aquel que caminaba sobre las aguas solo podía ser su Maestro.

Entonces Jesús les dijo: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!». Cuando subió a la barca, el viento se calmó. Los discípulos clamaron: ¡«Verdaderamente eres Hijo de Dios»!.

¿Su vida se parece a una barca azotada por la tempestad? ¿Tiene miedo que se hunda? ¿Ya no sabe a qué agarrarse? Acérquese a Jesús y dígale: «Señor, ven a mi vida, sé mi Salvador, líbrame, dame la tranquilidad y la paz».
Cuando Jesús subió a la barca, el viento se calmó y las aguas se apaciguaron. ¡Esto también puede suceder en su vida!

viernes, 11 de marzo de 2016

¿Realmente siempre?

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos! (Filipenses 4:4)


Ayer el sol brillaba y me sentía en plena forma. Estaba feliz y muy dispuesto a vivir esta bella exhortación: «Regocijaos en el Señor siempre».

Pero esta mañana me levanté con un fuere dolor de cabeza. Llueve a cántaros; fui a mi trabajo y tuve una pequeña y ridícula discusión con alguien. No siento ni la más mínima alegría. Al contrario, mi ánimo está por el suelo.

Pienso nuevamente en el pasaje que tanto me alegró ayer: Regocijaos siempre... ¡Imposible cuando se acumulan las dificultades! me digo.

Regocijaos en el Señor. ¡Sí, con tal que en general todo vaya más o menos bien!

Pero, ¿qué dice exactamente la Palabra? «Regocijaos en el Señor siempre». Las expresiones siempre y en el Señor se complementan, son inseparables.

Para que un creyente pueda realmente regocijarse siempre, tiene que ser en el Señor. Nosotros somos fluctuantes, pero el Señor no cambia. Todo creyente encuentra una fuente de gozo duradero en Su gloriosa Persona, en lo que Él es y en lo que hace, pues este gozo no depende del buen o mal tiempo, ni de nuestros sentimientos o estados de ánimo. Las contrariedades de la vida no pueden robarle su paz interior.

Dios nos conoce y nunca nos pide algo imposible. Si repite varias veces esta exhortación, escrita por el apóstol Pablo desde el fondo de una cárcel romana, es porque nos da la clave de este gozo: en el Señor.
¡Dirijamos nuestras miradas hacia Él, si queremos gozarnos siempre!
A quien amáis sin haberle visto, (Jesucristo) en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. (1 Pedro 1:8)

jueves, 10 de marzo de 2016

¿Qué hay en cuanto a la Iglesia?


Un cristiano es alguien que ha nacido en la familia de Dios al confiar en Jesucristo. La iglesia es otro nombre para la familia de Dios.

La iglesia no es un edificio. Es una familia de personas que pertenecen a Dios en la tierra y en el cielo. Es una familia en la cual hay hermanos y hermanas unidos no por carne y sangre sino por el Espíritu Santo, quien nos da amor para amar a Jesucristo y para amarnos los unos a los otros.

La iglesia no es una secta o denominación, católica o protestante. Es un gran organismo mundial formado por personas que confían en Jesucristo y lo siguen, sin importar su raza, nacionalidad o condición social. Hay muchas iglesias locales que son parte de la iglesia universal: anglicanos o episcopales, metodistas, bautistas, pentecostales, presbiterianos, y adventistas; por mencionar sólo algunas iglesias.

Ser cristiano significa pertenecer a la iglesia mundial, pero también a la iglesia local.

Que un cristiano diga que "va a la iglesia" es en realidad algo absurdo. El ya está en la iglesia. Lo que quiere decir, desde luego, es que va a la iglesia local para adorar a Dios
¿Tengo que ir a la iglesia todos los domingos?
Exprese la pregunta de otro modo: "¿Tengo que visitar a mis padres o a mis amigos? La respuesta es ésta: «No, usted no tiene que hacerlo; pero lo hace porque los ama».

La fe cristiana está fundamentada en el amor, en una relación de amor. Dios nos ama; por eso envió a Jesús. Nosotros lo amamos porque Él nos amó primero. Nos amamos unos a otros porque estamos en la familia de Dios y Él ha derramado su amor en nuestro corazón.

Si de verdad quiere seguir a Jesucristo, usted deseará adorar a Dios y reunirse con los miembros de la familia de Dios para darle gracias por todo el amor y bondad que Él le ha brindado a usted.

Anhelará demostrar públicamente que usted pertenece a Cristo, y el ir a adorar a Dios cada semana es una de las características de un seguidor de Cristo.

El apóstol Pablo dijo que la iglesia es como un cuerpo y que Jesucristo es su cabeza. El cuerpo humano tiene muchas partes: brazos, piernas, ojos y oídos, por mencionar sólo algunas. Todas son importantes y tienen una función específica que desempeñar, cada una dependiente de las demás partes. Y así sucede con el cuerpo de Cristo, la iglesia.

Cada miembro es importante y tiene una contribución especial que hacer para el adecuado funcionamiento y desarrollo de todo el cuerpo.

Esto quiere decir que todo creyente es de importancia vital para toda la iglesia. Nadie es insignificante.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Mi buen pastor

Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil... (Ezequiel 34:11-12,16)


La Biblia compara el comportamiento del hombre al de una oveja, animal poco reflexivo.
Cuando Jesús estuvo en la tierra, se compadeció al ver a sus contemporáneos vivir «como ovejas que no tenían pastor» (Marcos 6:34)

Describe a la humanidad como una multitud que va por un camino ancho y fácil, donde cada persona cree que puede vivir como le place, sin tener en cuenta a Dios. Pero este camino conduce al alejamiento eterno de Dios, y se llama "perdición"


Jesucristo vino de parte de Dios precisamente para advertir a los hombres sobre la gravedad de su situación. Él declaró: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11). «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6).

Ahora invita a aquellos que lo escuchan a reconocer que se equivocaron, a cambiar de dirección y a volver al camino que Él les muestra. Los invita tal como lo haría un pastor que quiere salvar a su oveja. Pero Él hizo mucho más que un simple pastor, pues dio su propia vida por sus ovejas.

Jesús sufrió el juicio que merecíamos debido a nuestras desobediencias a Dios, para abrirnos el camino que nos permite conocer a Dios como a un Padre.

Aún hoy tenemos ante nosotros dos caminos. Confíe en Jesús, "el buen Pastor", quien le conducirá por el buen camino.

martes, 8 de marzo de 2016

¿Cómo ve su futuro?

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días. (Salmos 23:6)


Durante un período de depresión de su paciente, cada día el psiquiatra le hacía esta misma pregunta escrutadora y punzante. Sin duda el médico deseaba conocer la evolución del estado del enfermo y adaptar el tratamiento en función de su estado.

Si alguien nos pregunta cómo vemos nuestro futuro, ¿cuál será nuestra respuesta? ¿Vamos a responder en función de nuestra situación material del momento en que vivimos? O en cambio, con confianza, diremos como David: «El Señor es mi pastor; nada me faltará» (Salmos 23:1).

David había soportado la injusticia, la soledad, el duelo y muchas circunstancias duras a lo largo de su vida, pero también había experimentado el socorro divino. Dios nunca lo había abandonado.

Podemos responder solo para esta vida terrenal, o con la serenidad del apóstol Pablo al final de su vida: «El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo» (2 Timoteo 4:6-8).

El futuro del creyente es seguro, pues Jesús, quien resucitó y está en el cielo, es el garante. Desde hace siglos los creyentes pudieron decir, incluso en medio de inmensos sufrimientos: «Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios» (Job 19:25-26).

Jesús dijo al malhechor arrepentido que estaba crucificado a su lado: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43)